La jaula de Piki

Por la gente que hace el rídiculo cuando cree que tiene gracia…
 
 
Hola, mi nombre es Piki, y soy un periquito muerto, pero hoy he visto algo que me ha hecho retorcerme en la tumba que cavaron mis amos en el bonito Retiro de Madrid, y he decidido contar un poco de lo que fui en vida.
 
Nací en Granada, creo, aunque a veces creo que fue cerca de un pueblo maloliente llamado Puertollano, donde uno se puede encontrar alguno que otro indeseable, como en todos lados, pero a veces la indeseabilidad alcanza grados muy altos.
 
A diferencia de otras mascotas, yo no me olvido de mis origenes, así que os contaré mi historia tal como sucedió, hasta mi muerte.
 
Estaba yo un buen día mirando desde mi jaula a ese ansiado espacio abierto que se exponía cada día ante mis ojos, rodeado de barrotes y otros compañeros de mi misma condición cuyo destino era tan incierto como el mio, cuando un joven moreno de piel, pelo largo rizado, y dientes prominentes, entró en el recinto a hablar con una de esas grandes personas que custodian nuestras prisiones. En un instante le encontré señalándome, y acto seguido fui metido en una horrible caja con agujeros, de la que, por mala suerte, no me libraría en posteriores ocasiones a la hora de viajar.
 
Era el principio de mi periplo, que me iba a llevar hasta las garras de una bruja cruel y despiadada, que es la que sería mi ama junto con el mencionado chico de gran parecido a Pedro Guerra, esclavo de la bruja, que al final se liberaría de su yugo antes de ver el final de mi vida.
 
Durante muchos días pude comprobar como la bruja, que todo sea dicho, no se lavaba muy a menudo, se pasaba el día delante de unos papeles como si le fuera la vida en ellos, aunque con ello tuviera que sacrificar importantes aspectos de la vida, como la fidelidad de su esclavo… fue una lástima que yo muriera antes de comprobar si tantas horas delante de esos papeles le sirvieron para algo, porque desde luego yo morí en la más triste miseria.
 
También pude ser testigo de las duras torturas emocionales a las que fue sometido el esclavo, cuyo nombre creo recordar que era Fernando (los pájaros tenemos mejor memoria que los gatos), hasta el punto de que el pobre chico, ante tal sufrimiento, llegó a maldecir a la bruja con una expresión tan soez como es "que te folle un pez". Como digo, la situación no pudo mantenerse y la libertad alcanzó al agraciado morenito, aquel que me sacó de mi prisión para meterme en una mucho peor.
 
El caso es que yo era un periquito muy chulo, y me gustaba mucho cantar y armar escándalo para que se fijaran en mi bonito plumaje y me hicieran monerías. Era un presumido escandaloso, lo reconozco, pero por ello fui duramente reprimido por la bruja Betty. En ocasiones recibí fuertes gritos amenazadores, pero lo peor era cuando molestaba a la bruja en sus tiempos de inútil concentración, ya que había ocasiones en los que con suma crueldad me privaba de la luz del día, o en el peor de los casos, me arrojaba proyectiles tales como lapiceros o bolígrafos, que juraría que si alguna vez hubieran entrado en mi pequeña y sucia jaula, me habrían atravesado cual pincho moruno. Digo sucia jaula, ya que si la bruja no era muy higienica respecto a si misma, mucho menos lo era para con mi persona, y en ocasiones podría haber sido capaz de nadar en la mezcla compuesta por mi propia mierda y las cascarillas de mi comida.
 
Pero cuando la bruja perdió a su esclavo se puso triste y ni siquiera mi canto la consolaba, así que decidió salir un poco de su encierro intelectual y hacer un poco de vida social, con lo que intentó integrarse en un grupo de chicas para parecer normal y conseguir un nuevo siervo. Como buena bruja, su capacidad de engaño no tardó en hacer efecto, y enseguida otro pobre débil de mente cayó en sus garras.
 
La nueva víctima era conocida por el nombre de Julio, un tio que parecía apacible, con gafitas y cara de bueno, el cual debía vivir en un sitio alejado, puesto que había pequeñas temporadas en las que no aparecía por la cueva de la bruja, aunque ésta siempre sabía donde darle caza a través de un aparato infernal de comunicación.
 
Pero el tiempo, las artimañas mentales de la bruja, y la debilidad mental del nuevo esclavo, hicieron que, de golpe y porrazo, éste incrementara sus apariciones al día a día. Y por si no fuera suficiente, llegó un momento en el que comenzó a vivir bajo el mismo techo que la bruja. Pero tengo que reconocer que hasta que llegó ese momento hubo dos afortunados sucesos; por un lado me compraron una compañera, que recibió el original nombre de Pika (de periquita, pikirita, Pika… si, para imbéciles redomados), gracias a uno de esos multiples arranques impulsivos que tenía mi ama, y que entonces consistió en darme compañía; por otro lado, y como consecuencia de lo anterior, el hacinamiento en mi pequeña jaula era insoportable, tanto que hasta mi amos se dieron cuenta y decidieron comprarme una jaula nueva mucho más grande y bonita, aunque eso no evitó que mi higiene fuera igual de deficiente, ya que el amo Julio tampoco estaba muy por la labor de hacerse cargo de una responsabilidad que le había sido impuesta de la noche al día.
 
Tristemente, Pika no tardó en morir. Se le caían las plumas, pasaba hambre, y no tenía mi poderosa fortaleza, la cual me permitió sobrevivir mucho más tiempo a los horribles cuidados de mis amos, así que una oscura mañana de octubre la encontré tumbada en un rincón de la fría jaula, pasando a mejor vida, aunque desgraciadamente la gran BRUJA, la ascendiente de mi ama, que por casualidad se encontraba por allí, entre grandes risotadas y refiriéndose a mi compañera como "el bicho", propuso como rito de despedida la introducción del cuerpo en un cubo de la basura. En eso no envidio nada su destino.
 
Volviendo al momento del paso a la convivencia de mis amos, eso incrementó las torturas emocionales al esclavo hasta un grado inimaginable que supongo que marcaría con graves neurosis para el resto de su vida a la víctima. Discusiones, enfados, detalles horribles… y yo mientras fui apartado a un rincón alejado de la nueva casa, donde las contraventanas apenas me dejaban ver la luz del día en mi jaula y cada vez me era más difícil llamar la atención para poder comer… si, el hambre fue algo en lo que mi vida se centró demasiado… demasiado…
 
Como dije, mi ama era extremadamente impulsiva, y tan pronto se preparaba unas oposiciones a la Guardia Civil como de repente al día siguiente quería ser astronauta; en términos más feos es lo que algunos llamarían un culo de mal asiento. Esto la llevó, en una de las ausencias del esclavo que a veces coartaba su libertad con una inteligente y racional dialéctica, a comprar una nueva mascota, una gata. Si, como lo leeis, una gata, uno de esos animales que son capaces de comer pájaros, entre cuyo género yo me contaba, y por tanto me contaba dentro de la dieta de la nueva mascota, totalmente innecesaria en la vivienda. Pero los barrotes que tanto odiaba sabía que protegerían mi vida ante la nueva mascota, que recibía el nombre de Chii por una serie de dibujos que el amo había dado a conocer a la bruja, aunque ésta se olvido muy pronto de quien se la dio a conocer.
 
Pero parece que las cosas no iban nada bien para el esclavo, y por eso tuvimos que trasladarnos una vez más. Nunca en mi vida creí que viviría en un sitio más inmundo que el nuevo al que llegué, y que para mi sería el último. Un lugar castigado por las inclemencias del tiempo, de techos altos y bajos, y de muy pequeñas dimensiones. Era tan pequeño, que en uno de los multiples ataques asesinos que sufrí de la simpática gata que había pasado a ser el ojo derecho de mi ama (hasta el punto de que mientras yo me moría de hambre y asco, mi ama limpiaba las orejitas de la gata cada día), no quedó más remedio que elevar mi jaula hasta un lugar tan alto en el que, a pesar de una excelente iluminación natural, ya ni podía observar las discusiones de mis amos, de modo que fui olvidado gradualmente.
 
Una noche, el hambre me venció, y tumbado en el suelo de mi asquerosa jaula di los últimos estertores de mi muerte, y aunque no fui muy ruidoso, creo que la tristeza invadió el sueño de alguno de mis amos y le hizo escuchar los ruidos de mi expiración, aunque no a darse cuenta de lo que estaba sucediendo hasta el día siguiente (o no se si pasaron dos días…), momento en el que la bruja levantó la vista y al no ver mi cuerpo supo que algo malo había pasado.
 
Creo que llegó a derramar un par de lágrimas y a sollozar durante unos segundos, pero no perdió tiempo en seguir desayunando y encargarle a su esclavo la tarea de ocultar mi cuerpo, que por suerte, fue inhumado en un lugar mejor que un vertedero municipal. No era gran motivo para estar triste, nunca estuvo muy contenta conmigo, y la gata, de cuyo insulso blog dejo constancia en esta mi miserable historia, consiguió que pasara al recuerdo incluso antes de mi muerte.
 
 
¿Por qué la gente es tan hipócrita?
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5 respuestas a La jaula de Piki

  1. Auricalcita dijo:

    Vaya, no me ha quedado muy claro el tipo de vida que llevaba el pobre piki , pero cuando murió?
    y que es lo que le ha hecho retorcerse en la tumba.
     
    🙂
     

  2. Julius dijo:

    Desde la aparición de la gata su vida fue bastante miserable, en especial por una fuerte falta de atención. Murió más o menos por febrero de 2004, y siempre apoyaré la tesis de que murió de hambre. David llegó a conocerlo, aunque no se si llegó a verlo con detenimiento dada la gran altura a la que se encontraba colgado.
     
    Lo de revolverse en su tumba, como te habrás imaginado, es una metáfora, porque lo que se han revuelto son mis tripas al leer por información de terceras personas el absurdo blog que Beatriz escribe haciéndose pasar por la gata que tuvimos los dos, y en el que de nuevo, como ya pasó en otros ámbitos, mi existencia es totalmente eliminada, como si yo no hubierta tenido nada que ver con aspectos como el nombre que le pusimos a la gata.
     
    Pinchad en el enlace y podeis disfrutar del gran blog "La cama de Chii" y del blog de su novio, donde cuenta cosas tan interesantes como a que hora del día se tiró un pedo, o que malamente está el mundo, coincidiendo misteriosamente con todas las ideas de Beatriz, o simplemente profesándole su amor eterno.

  3. Jorge dijo:

    Dios mio, creo que tuve ocasión de ver la jaula del pajarillo. ¿No era aquello que colgaba altísimo cerca de la pseudoventana del cuchitril?, pero si no se veía naaa de lo alto que estaba!!!
     
    Enhorabuena por cierto, eres el amo, placentera a la par que divertida lectura pardiez;)
     

  4. David dijo:

    Es cierto, yo conocí al dulce y tierno Piki… esto… ¿era un canario… un buitre leonado…? Pues claro que no lo vi, si estaba pegado al techo… Recuerdo que cuando estabas sentado en el sofá se escuchaban algunos ligeros sonidos, presumiblemente provocados por tan querido ser.
    Probablemente se suicidó, arrancándose alguna de sus últimas plumas para atravesar su corazón…
    Probablemente trató de avisar… de despedirse… pero nadie le hacía caso… coño, que os digo que no se le veía… ^_^
     
    Es cierto, Julio no es gay… la culpa es de sus parejas… que si lo eran (muhahaha)
     

  5. Julius dijo:

    Un momento, no confundamos gays con lesbianas aunque ambos sean homosexuales.
     
    Y ella ya era lesbiana antes de conocerme…

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